"Nidología"
Actualizado: hace 6 días

Andrew y Douxie tienen algo muy lindo desde cachorros. Cuando Doux se presentó, quizás sin darse cuenta o porque pasaban mucho tiempo juntos, dejaba impregnado su aroma en Didi. Típico de alfa. Berenice me dijo que aquellas veces que Andy volvía a casa, sus hermanos mayores no dejaban de cuchichear entre ellos al respecto. "¡Lo marcó con su aroma!", "No debe ser nada importante".
Miento si digo que no esperaba que fuesen destinados. Es más, me sorprendió que ellos fuesen los últimos en darse cuenta. Pero en verdad, qué alegría que fuesen ellos.
Recuerdo una vez en que Douxie llegó de la escuela. Lo habían molestado con que le gustaba Andrew y me preguntó: ¿Está mal si es verdad que me gusta Andy? De verdad le lastimaba la idea de que amar a su mejor amigo fuese malo. Le dije que no, que si él sentía amor por Andy, no había más que pensar y no estaba mal. Lo abracé, pero sus feromonas eran dubitativas. Creo entender por qué dudaba, pero nadie lo sabrá mejor que ellos.
Esta vez, cuando Douxie me dijo que estaban destinados, no vi vergüenza más que la propia pena de necesitar intensamente estar con su otra mitad. Tampoco duda... no dudo de Doux, pero a estas alturas me pregunto si es un efecto del celo o si acaso es genuino. Jamás comprendí bien los lazos destinados, menos lo hice hoy.
Jamás estuve en una presentación de un omega con un lazo encontrado. Ese chico de verdad ardía y quizás su dolor en el vientre fuese más intenso de lo normal. Debería avisarle a Bereni por si acaso.
—Alfa— Lo escuché decir cuando entré a la habitación. No paraba de removerse visiblemente incómodo.
—Andy, soy Dotti— Le dije esparciendo mis feromonas para calmar a su lobo. A medio camino me percaté de que la cama de Doux no estaba bien acomodada ¿Era un nido? Mierda, debía ser cuidadosa con eso —Cariño, necesito que me ayudes a levantarte ¿Si?
Andrew siempre fue un chico estructurado. No fue extraño que pelease contra su lado animal para mantenerlo bajo control, gracias a ello fue que logré darle el supresor forte.
—Dotti— Me llamó a duras penas . Se moría de calor y su cabello estaba pegado a su frente. A veces me pregunto si la naturaleza nos odia por hacernos esto a los omegas —¿Donde está Doux?
Sonreí enternecida cuando me lo preguntó. Ya estaba tardando en realidad. Como no vi señal de que me echara del nido o que fuese territorial con este, me acomodé a su lado, apoyando su cabeza en mi hombro. Mis manos estaban frías y buscaba el tacto de ellas. carajo, pensé entonces, debería haber traído algo de hielo o alguna bebida más fresca. No es así como funciona el celo, pero en verdad quemaba su piel.
—No puede entrar Andy— Y sus feromonas pasaron de muy dulces a amargas "Pequeño lobo" pensé recordando la presentación de Douxie. Con cariño, acaricié su cabello —No te pongas triste, seguro está raspando la puerta para entrar o está buscando la forma de hacerlo sin hacerte daño. Eres muy importante para él y no creo que soporte hacerte algo ¿Entiendes?
Pero el lobo de Andy seguía triste y solo se ocultó más en mi hombro. Mientras le daba más caricias en su cabeza y mis feromonas buscaban contenerlo, mis ojos barrían la habitación en busca de algo de su alfa. Arrinconada a uno de los laterales del nido la vi, la chaqueta del equipo de Doux.
Era contradictorio tapar a alguien con temperatura, pero esa chaqueta con las feromonas de mi cachorro fue santo remedio. No se hasta cuándo podría contener al lobo de Andrew, pero por ahora servía.
—Alfa...— Musitó bajito cuando las feromonas de Douxie lo envolvieron. Andy siempre había sido bastante tierno con mi hijo. Era de verdad tierno ver cómo lo era hasta con sus cosas en un estado inconsciente como un celo.
Me quedé con él, oyendo de vez en cuando sus quejidos de dolor y sus ronroneos gustosos, hasta que la energía que consumía el celo lo desmayó del sueño. En el mientras, observé el "nido" que le hizo mi hijo, recordando lo que me había contado cuando llegué a casa.
—¿Y bien? ¿E-Está mejor?— Me preguntó mi cachorro cuando salí de la habitación.
Con mi dedo índice en mis labios le dije que bajase la voz y cerré la puerta detrás de mi.
—Está dormido— Le informé, viendo cómo suspiró aliviado. Le sonreí enternecida, y al percatarse, recobró la compostura. Ensanché mi sonrisa y puse una de mis manos en su espalda para guiarlo al living —Nada mal el nido, eh— Dije divertida.
Él emitió una tensa risa nasal.
—¿Aprobé "Nidología"?
—No, pero a Andy parece que le gustó.
Y mencionar aquello llenó sus ojos de infinitos brillos mientras sus mejillas se impregnaban de rosa.
—Gracias, mamá.
—No es nada.
Ahora teníamos que llamar a Berenice y esperar. Que día... peculiar.




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