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De alfas y omegas

Foto del escritor: Meli_Sara _
Meli_Sara _
17 ago
5 min de lectura

Actualizado: hace 6 días


Volvimos en auto. Mamá le escribió a Erika e Iker sobre la situación y les pidió que preparen la habitación de Didi con prendas de todos.

Los 20 minutos de viaje fui con él. Estaba más clamado, pero su presentación era más fuerte de lo normal. No recuerdo que Iker o yo tuviésemos una presentación tan... salvaje. Si así es su presentación, me preocupan sus celos. Debería consultarle a un especialista cuando vuelva en sí. Un celo no tiene por qué doler de esta forma. Maldito sistema, siempre preocupado por el alfa y nunca por el omega... Quizás pueda prepararle algo con las hiervas de mi huerta.

Cuando llegamos a casa, Abel lo tomó en brazos y con ayuda de los demás, logramos llevarlo a su cuarto. Andy se comió el papel de escritor melancólico medieval; subir tres pisos hasta su habitación fue largo.

 

—¿Está mejor?— Preguntó Abel, quien tras depositarlo donde le indicamos, permaneció en la planta de abajo. Supongo que eran las desventajas de ser el único alfa en casa.

 

—Se remueve mucho ¿Vino así de camino a casa?— Preguntó Iker desde las escaleras con su rostro visiblemente preocupado. Había notado el mismo detalle que yo en la presentación de Didi.

 

—No. Venía calmado— Negué mirando a mamá. Ella tampoco supo bien por qué nuestro método no estaba funcionando ahora —Mierda ¿Qué hacemos?

 

Incrédulos, nos miramos entre todos.

 

—Ammm ¿Alguno sabe por qué Didi llama a un alfa sin parar?— Interrumpió Erika, acercándose por las escaleras como lo hizo Iker en un inicio.

 

—Es un omega en plena presentación, Ika— Señaló el de cabello magenta —Hacemos eso.

 

—No, no— Negó la beta dándose un golpe mental por su expresión anterior —Llama a alguien en particular. Pregunta en donde está SU alfa.

 

Entonces lo supe, y mis ojos se clavaron en los de Abel. No había secretos entre nosotros, así que no me detuve en disimular mi gesto de desaprobación.

Con la voz de mamá gritando qué hacía, salí de nuevo al auto en busca del “Alfa”. Allí, en el suelo del carro estaba la chaqueta de Douxie, Abby parecía haberla “pasado por alto” y la dejó allí. Enojada por las actitudes infantiles entre Alfas, cubrí la prenda de las pocas gotas que caían del cielo, y subimos con Iker a llevarla con su dueño temporal.

 

—Aquí tienes, Didi— Y mi hermanito emitió un ronroneo al hacerse con el aroma. Sonreí enternecida y pensé “No es posible que después de esto sean solo amigos”. Con cariño, acaricié su cabello y deposité un beso en su sien.

 

—Llama si necesitas algo. Vendré seguido a cambiar prendas ¿Si?— Le avisó KeyKey, y salimos de su habitación.

 

—¿Ahora sí?— Preguntó Erika. Se había quedado con Abel y mamá en el piso de abajo. Iker y yo asentimos.

 

—Gran trabajo, Peregrins— Dijo entusiasta KeyKey, abriendo los brazos para recibirnos a todos en ellos. Mamá necesitaba aquel abrazo, así que hice de lado mis diferencias con Abby, y nos reconfortamos en nuestra unión. Afuera, la lluvia comenzó a caer torrencial.

 

(...)

 

—¿Quieres comportarte?— Dije molesta cuando entré a la habitación del único alfa. Este dejó de lado sus deberes y me miró descolocado —Tu hermano se presentó y tu no puedes dejar de lado tu instinto primitivo ¿Qué es esto? ¿1810 que de pronto controlas qué entra o qué no al nido de Andrew? Nosotros debemos estar para él, ayudarlo en vez de ver por nuestros deseos egoístas.

 

Abel se mordió el labio incómodo. Su ceño estaba fruncido y sus brazos de cruzaban intentando protegerse de una verdad que sabía tan bien como yo.

 

Admite que te equivocaste.

 

—¡Lo siento! ¿De acuerdo?— Espetó. Estaba en una lucha de arrepentimiento y vergüenza, el peor estado en que un alfa podía ser encontrado —No debí comportarme así con él ni con... ni con Doux ¡Pero deberías haberlos visto en su habitación! Ellos estaban en un nido amorfo y-y Douxie actuaba como su alfa.

 

Él lo estaban cuidando, Abby— Le aclaré obvia. Mi ceño era que ahora se fruncía y con mis manos en las caderas comencé a caminar en círculos —Piénsalo fríamente ¿Douxie se aprovecharía de Didi o lucharía contra sus instintos para evitarlo? ¿Por qué si no le hubiese dado su chaqueta y le hubiese construido un nido?

 

Abel gruñó. Lo frustraba mucho su dificultad para procesar bien sus emociones.

 

—Lo se Nica. Es solo que— Su boca emitió sonidos diferentes intentando explicarse. Ninguno llegó a nada hasta que suspiró —... era muy íntimo. No se veían como solo amigos, ambos se veían poseídos por el otro. Douxie debió habernos llamado ¿Y qué si salía mal? ¿Y qué si sí lo marcaba?

 

—Abby, escucha— Lo detuve masajeando el puente de mi nariz con mis dedos —A ti te molesta no haber estado como alfa para proteger a Andy de otros alfas en una situación como esta ¿Me equivoco?— Lo miré. Su respuesta tardó en llegar —¿Me equivoco?

 

—No...

 

—Muy bien, ahora, sí tienes razón. Didi no estaba en sí, pero Douxie sí y aún así lo cuidó. Ninguno sabe bien qué pasó, pero sea lo que sea, no parece haber sido grave. Andy no tiene ningún tipo de marca, fue lo primero que revisamos con Iker.

 

No lo iba a negar. Confiaba en Douxie, lo conocemos desde que éramos niños y sabemos cuánto aprecia a Andy. Pero temí mucho encontrar una marca en la piel de nuestro hermano... aún así, había algo muy obvio que sabíamos todos los omegas. El instinto protector de un lobo tiende a ser dominante por encima del carnal si alfa y omega compartían una relación previa, como fue el caso de Andy y Douxie.

Pero así como los omegas le temían a los alfas por la relación de dominación que significaban, los alfas también le temían a los alfas porque ninguno confía al 100% en los instintos del otro. Abel era uno de esos alfas asustados de otros lobos porque vivía en el mismo mundo que los omegas y sabían lo que algunos alfas les hacían a los más “débiles”. Temer a otros alfas lo hacía prudente, pero tampoco podía vivir a expensas del miedo.

 

Suspiré, y mientras él seguía sentado en la silla de su escritorio, yo me recargué en el borde de este.

 

—Yo se que como alfas su manada es su territorio, y que si otro lobo se encarga de ellos es una ofensa— Continué con una seguridad compasiva en mi voz, apoyando mi mano en su hombro —Pero como omegas, si un lobo acepta al otro de la manera tan necesitada en que le pasó a Andrew, es en realidad una buena señal. Nuestro lobo, el lado más vulnerable y selectivo, encontró seguridad en otro que no era de su manada mientras se presentaba ¡Lo cual no es fácil en una sociedad como la nuestra!

 

Abel no dijo nada, aún conflictuado por dejarse llevar por su instinto animal. Sonreí de lado. Siempre era una buena señal que un alfa revise sus patrones primitivos y sus sentimientos para una mejor convivencia consigo y con los otros.

 

—Y tienes surte que haya sido Douxie, cualquier otro sí hubiese cometido lo que estás pensando... ¿Pero eso no es lo único que te molesta, no?

 

—No...— Musitó por lo bajo, sin mirarme a los ojos.

 

—Pues intenta resolver eso. Y entiende, si no es dañino de verdad para Andy o para ninguno otro omega, déjalo estar— Le dije mientras me volvía a la puerta de su cuarto —Es también un proceso que debes transitar como alfa— Y cerré la puerta de su habitación.


Ya en la sala común del segundo piso, miré la hora en mi celular. "Las 20 pasadas. Antes de dormir le daré el supresor forte a Andy".



 
 
 

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